Moby Dick, Herman Melville
El relato arranca con Ismael, un joven que decide embarcarse en el barco ballenero Pequod para escapar de su rutina en tierra firme, pero todo cambia cuando conoce al capitán Ahab. Este viejo lobo de mar no busca el aceite de los animales para hacer negocio, sino que está completamente obsesionado con encontrar al gigantesco cachalote que le arrancó la pierna en un viaje anterior, arrastrando a toda la tripulación en un viaje sin retorno por los océanos más peligrosos del mundo.
Lo verdaderamente atrapante de la lectura es ver cómo los marineros conviven en medio de la nada, compartiendo mitos marinos y miedos profundos mientras el capitán pierde la cabeza por su sed de venganza. Melville detalla el peso de las herramientas, las fechas de los viajes y la vida dura de los hombres de la época, logrando que sientas el frío del oleaje y el peso del arponero Queequeg al saltar al agua. Es una plática larga sobre la terquedad del ser humano y los límites de la cordura que te mantiene pegado a las páginas, no más sorprendente del libro es que, el verdadero monstruo de la historia no siempre está debajo del agua.
— A. Eldritch, Periodista, Locutor, podcaster y bloger del fediverso
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